sábado, 21 de junio de 2008

Vértigo


Sensación ilusoria de que las cosas externas están rotando o desplazándose alrededor de uno o de que es uno mismo quien está dando vueltas en el espacio […] 2 Actividad intensa que se desarrolla a una velocidad o a un ritmo muy acelerados 3 Sensación parecida al mareo que se produce cuando se ven las cosas desde una altura considerable o cuando se gira
repetidamente” (acertaron, hipervínculo a diccionarios.com) Girar, mareo, velocidad, vacío, un nudo en el estómago.


Estar en el cine con la persona que nos gusta al lado, no moverse, no tocarse ni la uña, suspirar, acercarse, hacer algún comentario, reír, mirarse con complicidad porque en el cine un@ no debe reír. Sentir la caída de manera vertiginosa, no hay fondo, tampoco resistencia. Subirse al juego de moda con la amiga, ir de un lado a otro, no gritar por el miedo a que los pulmones estallen, pero eso si, aferrarse bien al asiento porque el mundo gira, porque fuera todo pasa a mayor velocidad y seguramente un@ no está acostumbrad@ a ir tan rápido. Pararse fuera de esa puerta cerrada. Hitchcock siempre dijo que no había mayor objeto de horror que una puerta cerrada. O peor aún, como el recurso utilizado en “La dama de negro”: una puerta cerrada en la escena 1, una puerta entreabierta a mitad de la historia…


Lo oculto, eso es el vértigo, cierta situación lejos de nuestro control. En esos momentos la mente o el cuerpo deciden si seguir adelante o dar marcha atrás, decir “no me subo” “no me acerco” “no voy”. Si por el contrario el cuerpo no se detiene, continua, se deja caer no hay nada mejor que levantar los brazos, sentir el aire golpear la cara, el torso contra el respaldo, apretar las costillas para no lastimar el corazón. Un@ conoce perfectamente su sabor agridulce, como los chochitos de la primaria, llenos de colores, los comeremos aún cuando de solo imaginarlos la boca salive conociendo perfectamente la acidez.

Puede ser adictivo, hay personas que viven siempre en la punta de la navaja, jugando con la suerte. Otras buscan la confianza, no hacer nada si no hay certezas de por medio, controlar las situaciones. La mayoría de la gente nos quedamos en medio, nos soltamos si vemos que podemos caer en blandito o nos aferramos al tubo más cercano mientras l@s amig@s nos jalan para subirnos a cierto juego extremo. Apostamos a veces, otras preferimos ahorrar no porque falte emoción por la vida, por el contrario, nos sobra conciencia. Sin embargo, en el fondo amamos esta divina locura.

1 comentario:

Rubas dijo...

El vértigo de los juegos mecánicos es todo ilusorio. Es peligro (casi) inexistente. Es mareo provocado por la inercia de la tripa que se niega a seguir al oído o los pies o algo por el estilo.

El otro vértigo, ése si vale la pena, abandonarse a otro y/u otra. Decidirse a perder la seguridad del piso y la muralla de la verdadera residuo o el verdadero Rubas.

Pero no hay caídas eternas. Ya vendrá otra subida, otro superman, otro loop, otra comedia romántica que nadie ve...