viernes, 9 de mayo de 2008

Mamá

Quiero ser mamá. No ahora, algún día quizá (en unos cinco años como mínimo, diez años como máximo). No es mi prioridad, no sé si lo logre o ni siquiera si en algún momento lo meta en mis planes, pero como deseo ahí está. Quiero ser mamá.

Por supuesto me aterra la idea, yo que a la primera de cambios deseo salir corriendo de todos lados, que huyo hasta de mi reflejo, que de verdad me aterra la idea de dar vida pero sobre todo de mantenerla. Esta mujer sobreprotegida, obsesiva, miedosa y adicta al trabajo se confiesa, o por lo menos para mí esto ha sido una revelación.No odio a los niños pero tampoco los adoro. No me provoca cargar a todos los bebés que conozco, de hecho, sería muy probable para mí una caída mientras lo tomara en brazos.

Aborrezco los llantos y la comunicación no verbal entre bebé -mundo exterior. Más tarde, se vuelven insoportables hasta los catorce años cuando comienzan a encontrar un mundo fuera del hogar. No cuento gastos, desveladas, preocupaciones, alejamiento de las prioridades para conjugarlas con las de l@s otr@s. Sin embargo cierta es la simpatía que algunas personitas tienen sobre mí (y viceversa), la diversión con algunos juegos o juguetes, mi respeto hacia l@s niñ@s cuando no los trato como estorbos o seres idiotas, pero sobre todo, la ley de que un-a niñ@ a partir de que comienza a hablar ya no debe tener motivos para llorar. Entonces ¿realmente esto será instinto, fantasía, educación, convención social?

En realidad poco me he detenido a pensarlo. De por sí ha sido difícil analizar mi mundo real como para analizar «el mundo que no tengo y ni idea si vaya a tener». En cambio me he detenido a especular: tengo herencia de gemel@s así que seguramente tendré dos hijas. En esta ocasión no se me ha olvidado la arroba, quiero niñas. El nombre lo omito por cuestiones de identidad de fantasía, aunque a manera general esté a punto de compartirlas.Las vestiré de colores morado, azul, rosa y blanco. No tendré problemas para distinguirlas, pero sí muchos problemas para dormir o mantenerlas calmadas, porque como su madre, serán inquietas (seguro querrán bajarse de la cuna o tendrán curiosidad por todo objeto brillante). Sonrientes, tendrán mi boca y mis ojos. Seguro a todos lados iré con ellas, tendrán un asiento de automóvil doble así como la carreola. Los juguetes serán para las dos, pero habrán pleitos porque querrán todo al doble, por lo tanto, será doble gasto (aquí una nueva noticia, deberé ser millonaria). Aprenderán dos idiomas además del español desde los tres años de edad. Asistirán a colegio laico y mixto. Nada de misa, pero sí clases extraescolares a su gusto. Podrán ensuciarse, no se mantendrán calmadas en un solo lugar, no reirán con discreción. Tendrán un librero para cada una donde abunden los cuentos. Les enseñaré educación sexual desde los cinco años, a respetarse, a amarse entre ellas, su entorno, pero sobre todo, a su persona. Intentaré calmar mis miedos para dejarlas crecer de acuerdo a sus decisiones.

Nunca me he acercado a esta fantasía, si acaso un par de pruebas de embarazo cuyo resultado observo mientras las manos me tiemblan: ¿Y si algún día sucede? ¿Sería yo una buena madre? ¿Tendré el valor para serlo en un futuro? ¿Será como lo imagino? ¿Algún día me darán ganas de salir corriendo de ell@s? ¿Qué haré? ¿Me amarán? Las preguntas se vuelven más paranoicas, acosadoras. Aún después de todo sigo con la idea. Quiero ser mamá, no ahora ni pronto. Pero quizá algún día.

1 comentario:

Dam dijo...

Acabas de plasmar todos mis miedos en tu texto. A diferencia tuya, sí lo ansío. Estoy dispuesta a correr ese riesgo, a desvelarme, a dejar de lado la vida solcial, a trabajar más y a que eventualmente mis hijos se harten de mí. Pero prometo ser la madre que Natalia y Santiago merezcan, o incluso mejor. No será este año, probablemente el siguiente...o el siguiente...o el siguiente...