jueves, 14 de mayo de 2009

Mentir

¿Ustedes se acuerdan por qué no se deben decir mentiras? Según mi mamá, porque luego nadie te cree. Yo pienso igual, al final una mentira lleva a otra hasta que se vuelve insostenible. Sin embargo también sigo diciéndolas no sé si por la “enorme imaginación” que me cargo según mi familia, por el mal hábito de tener buena educación o simplemente porque sí.

En fin, las buenas costumbres nos dicen que no debemos engañar a la gente y sin embargo, tener buenas costumbres implica mentir. ¿O alguien se atrevería a urgarse la nariz en público aún cuando la comezón sea insoportable? Tod@s tenemos nariz, tod@s tenemos comezón. Bien, ejemplo pequeño pero ¿Por qué muchas veces no se denuncian delitos que se cometen a plena luz del día? Bueno, porque ser educados implica no meternos donde no nos llaman… o bien, ahorrarnos molestias a largos plazos.

La buena educación también nos dice que no debemos decir nada sin pruebas, no es posible acusar a alguien de ratero si no le has tomado una foto justo en el momento del atraco. Tampoco es posible acusar a ciertas empresas de monopolio porque las marcas son variadas, existen socios anónimos de capital variable y bueno, los beneficiados son muchos (no es nada personal contra Unilever o Microsoft). Ni es de buena familia poner en tela de juicio las declaraciones de gente con cierto poder.

Pregúntenle a tanto periodista desaparecido si eso de andar llevando la contraria le trajo algún beneficio ¿no verdad?.

Yo por eso no pienso decir que para mí eso de la influenza asesina no fue más que un teatro que se les adelantó porque Carlos Ahumada sacó su libro después de pasada la tormenta. Que la enfermedad es real pero que la magnificaron para no darnos cuenta las leyes aprobadas por el senado durante esos días como la de la policía federal (en la cual se permite la intervención de teléfonos sospechosos) o la del narco menudeo (donde cada un@ podrá tener su dosis personal de droga). Tampoco pienso escribir mi postura ante ciertas farmacias tapatías que ahora venden 5 cubrebocas por 41 pesos después de haberlos negado durante tantas semanas.

Mucho menos les platicaré que hay declaraciones vengativas de un expresidente al que ni la historia ni el partido le hicieron los honores que él creía merecer. Y obviamente no señalaré a quienes intentan a toda costa matarnos de miedo con declaraciones alarmantes. No señor, porque eso no pasa en este país, porque somos libres, soberanos y libramos al mundo de un virus malote (además de la lucha diaria contra la delincuencia, el hambre, el desempleo). Porque los mexicanos estamos unidos aunque haya países retrógradas racistas. Porque ante algo tan evidente, si quiero sacar 10 en conducta lo mejor es quedarme callad@.

Ni crean que lo diré. Eso implicaría ir contra todo lo que me enseñaron en ese colegio carísimo. Y a mí, mi querido lector, me enseñaron a no decir mentiras, aunque de todas maneras lo haga.

2 comentarios:

Rodion Romanov Rashkolnikov dijo...

Mentir es humano. Mentir es lo punico que hemos aprendido de las divinidades que no nos dicen nada de manera directa.

Simbad de la Porra dijo...

pero a veces son necesarias las mentiras