viernes, 12 de octubre de 2007

Contaminados...

Las botellas de ron circulan por la única mesa en el salón donde “sólo se admite personal autorizado”. Al fondo: una mesa, varias sillas, mochilas las suficientes, alguna guitarra, vasos, hielo, refrescos y el vino (no puede faltar). Al fondo la ventana cubierta por una reja, el letrero es claro “favor de no alimentar a los cantautores, gracias…”. Llevan así desde que empezó el encuentro, justo en el momento cuando llegaron los primeros, cuando organizaron los últimos detalles. “Estos son peores que los rockeros” dice Luis riéndose, sus ojos se vuelven más pequeños. “Estoy rodeado de crudos, por alguna razón olvidamos pedirle patrocinio a alkazeltzer” (¡Jaja! Ahora sí me van a crucificar con todo y periódico).
“Pobre del Tigre, porque el encuentro dura dos semanas y aquí uno permanece hasta un mes” y se quedan cortos. Se han vuelto parte del centro de la ciudad, de las interminables noches con pan. Su día empieza a las 8 de la mañana cuando el desafortunado es elegido para hacer promoción. Ir de un lado para otro, platicar, tocar, regresar a dormir a las 2 de la tarde para comenzar de nuevo en la noche. Es parte del encanto, se enamoran de las trampas de Morelia, de la ciudad de la cantera, de la gente siempre amable en cada visita, del agua de horchata con fresa y por supuesto se van inspirados, muchos con historias entre las cuerdas, todos con la noche bajo la mirada.
“Aquí venimos a divertirnos…” esa es la consigna. ¡Vaya que la han llevado a cabo! La mayoría (si no es que todos) coinciden que les ha ido bien, las noches han estado llenas, la gente los ha disfrutado (en el sentido más sensual de la palabra). Brindan antes y después de cada concierto por su amistad, porque los objetivos se han cumplido con éxito: están contaminados de sus letras, de los acordes, de las horas donde el sueño se declara ausente. Aun no se han vuelto locos, eso ya es ganancia.
Son una especie de cofradía. El Tigre los organiza, Genaro y Luis los desorganizan. No dejan cabos sueltos, han estado puntuales aún a pesar de los contratiempos: una laptop, un juego de fotografía robados, la puerta del baño tirada, un celular perdido y tal vez uno u otro deshidratado. Nada que no puedan soportar. Quien lleva la batuta es Fátima que ahora no solo los regaña sino también está al pendiente de ellos, sus discos, su comida, simplemente la adoran (¿alguien recuerda el “te queremos Fátima”?). Es su hermana mayor y la del carácter, en ella se apoyan porque saben que sin su presencia tal vez esto ya se hubiera evaporado.
Sólo es cuestión de días para que todo termine, cada uno regrese a casa, a su no rutina, a otras ciudades donde los espera otro público. No sólo se limitan al espectáculo, sino a fortalecer sus lazos. Me dejaron ser testigo de estos momentos, de sus miradas, de su música y sus silencios. Han prometido volver “porque como el encuentro no hay nada igual”.

1 comentario:

Cristina dijo...

Que gran oportunidad tuviste de codearte conestos "señorones" cantautores :)
Yo me lo perdí, pero con tus relatos ya me doy una grata idea de lo que fue.
Abrazos Chiquilla!