viernes, 20 de marzo de 2009

Me gusta la primavera por escandalosa. En realidad lo es, no tiene empacho de soltar todas sus flores ni sus colores. Así como la temperatura de los días, el ambiente se vuelve cálido la gente tiene mejor color y hasta parece que es como más amable, amorosa. Además esta temporada envuelve los ritos (y las vacaciones) de Semana Santa así como dos o tres festejos que dan cierto aire relajado.

Por obvias razones esta época también ha sido inspiración para las personas. En la antigüedad se creía que el cambio de estaciones se daba por cuestiones mágicas, por lo tanto, para invocar a la primavera la gente se disfrazaba con ramas y flores.

En el arte clásico, la estación del año ha marcado grandes obras, por ejemplo donde Boticelli eterniza la imagen de Flora como una doncella coronada de flores. Pero en especial marcó a dos creadores.

Para 1910 el compositor ruso Stravinsky tuvo la visión de un rito pagano donde una joven era sacrificada para invocar a la primavera, esto lo inspiró para crear la música de un cierto ballet cuya coreografía era de índole ritualista, su autor, Vaslav Nijinsky. El estreno se realizó el 29 de mayo de 1913, causando el mayor escándalo en la historia de la música y del ballet. El público no estaba acostumbrado para una disonancia compleja con ritmos extraños, incluso considerados feroces (destaca la melodía inicial del fagot, que es interpretada en un registro muy agudo y extravagante, dando como resultado un gemido angustioso y lastimero).

Desgraciadamente la pieza original “se perdió” días después de su estreno, nunca más se bailó la pieza original. Sin embargo en el intento de rescatarla han existido diversas adaptaciones. Al respecto, les presento la crónica de un fragmento de este ballet

“Momentos de silencio se intercalan entre la impetuosa música, l@s bailarines se detienen al compás de sus jadeos apresurados. Se reanuda la música apoderándose de sus cuerpos. No hay lugar para los estilizados movimientos de ballet. Los saltos de l@s bailarines no anuncian el vuelo del alma, sino el intento de respirar ante la posibilidad de morir ahogados en la miseria humana. Una melodía de alerta transforma el ánimo de los bailarines. Detienen su arrebatada danza, observan la tierra a su alrededor, se acuestan sobre ella, la estrujan en sus cuerpos. La tierra viola la convencional pulcritud de l@s bailarines, manchando sus pieles mojadas en sudor. Cada hombre toma su pareja. El tradicional “pas de deux” no es armonioso: es lucha de cuerpo contra cuerpo. Los hombres fecundan frenéticamente a las mujeres. Las notas discordantes de las melodías acentúan la contienda hombre vs. mujer, ser humano vs. vida. Nos sobrecoje la tensión. Los bandos se separan y se observan. Un bailarín sobresale, invitando a las desconfiadas mujeres a bailar. Sólo una acude al llamado. De pronto tod@s los bailarines en escena se desatan en movimientos catárticos alrededor de quien será la víctima, sacrificada a los dioses de la primavera. Se intensifica la atonalidad de la música. La víctima se desboca en una danza atávica desarticulando sus extremidades. L@s demás bailarines celebran feroces el sacrificio, mientras la víctima en el centro exorciza los males de la humanidad. Expira el dolor y la explotación humana en cada uno de sus desesperados saltos. Todos caen en un trance destructivo, apocalíptico, acompasado por la disonante y estridente melodía. Súbitamente la bailarina se desploma, haciendo vibrar las tablas y abatiendo a los agotados espectadores.”

Dicen que la gente salió enardecida del teatro, algunos impactados, otros enojados, nadie lo podía creer. Ahora, Stravinsky es considerado el padre del modernismo, su obra ha marcado toda una época. Igual de escandalosa que la primavera.

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