lunes, 14 de abril de 2008

Me fui...

He estado ausente. Tan ausente que se vio reflejado en el blog. El viaje a Oaxaca pudo ser mejor definitivamente, me hizo falta alguien para platicar. Saute hubiera estado bien para estar fuera del mundo, tal vez La Galleta que de todo se sorprende o de plano Dory para aburrirnos y hacernos manicure mutuamente, lo ideal es que hubieran estado las tías, Torreblanca y March, pero ell@s prefirieron quedarse en Morelia. En realidad viajé con Hermanito y La abuela. Con él somos agua y aceite y aunque a ella la adoro, no es lo mismo. Así que mi viaje transcurrió el 50% en carretera, 20% en la ciudad de Oaxaca y 30% en el pueblo. Comida al 80%, nostalgia al 100%. Cuando llego a este punto del relato es común escuchar "no manches, no te divertiste?" mmmm cómo explicarlo? no, en realidad no me divertí. No tuve mucho tiempo para "apreciar los paisajes" "tomar fotografías como desesperada" "escribir emborrachada" y aunque sí comí de todo, nunca me han gustado las cosas buenas a solas. Eso si, con toda belleza puedo recordar las caminatas vespertinas, el chocolate y el color verde, abundante.

Teojomulco Oax. es un pueblo en la sierra. De ahi es La abuela y practicamente fui a reunirme con el pasado. Dejo entonces la crónica de lo sucedido:

Amanece a las 6 de la mañana. El primer transporte pasa a las 5. El último a las 4 de la tarde. Los caminos son prácticamente inexistentes, a pesar de ser la cabecera municipal. Estamos a 5 horas de la capital del estado de Oaxaca, de las cuales 3 son de curvas cerradas, más que peligrosas y 2 son de terracería. Me sorprende que la gente no conozca más, o peor aún, no exija lo que les corresponde.

La gente es su propio jefe. La mayoría es dueña de un negocio o se dedican al campo. Los hombres son choferes, agricultores, albañiles, de todo si no han emigrado “al otro lado”. Quienes realmente llevan la casa son las mujeres haciendo tortillas, pan y todo para la comida, además de cuidar a los niños, a la familia en general. Son ellas las que comúnmente aparecen en las calles, llevando y trayendo comida. Ninguna puerta está totalmente cerrada; basta con jalar o empujar los zaguanes, habrá alguien que reciba, ofrezca descanso o hasta un vaso de agua.

Las noches son frías, el calor durante el día supera lo acostumbrado. Estamos abochornados, la piel se vuelve pegajosa conforme pasan las horas, circulan los litros de agua, jugo, lo que haya. Es delicioso volver a tomar agua de sabores naturales cuando el estómago estaba acostumbrándose a los polvos. Dice mi abuela que eso es pura pintura. Dice mi mamá que se llama practicidad.

El teléfono acaba de llegar a la comunidad, no hay señal de celular, apenas puede creerse que exista una papelería con 10 computadoras para internet. La única comunicación con “la modernidad”. L@s jóvenes son quienes vienen a divertirse, a chatear, a hacer tarea. También está el mercado con maquinitas además de un futbolito. En las tardes algunos (ellos) juegan basket ball, otros (también ellos) solo se quedan a platicar en la plaza. Ellas se quedan en casa o salen con las amigas pero ni muy tarde, ni muy lejos.

Desayunamos chocolate con pan, almorzamos tamales, comemos guisado, tomamos café y más pan para la cena. Abunda la fruta, en las casas hay platanares, limoneros, mangueros, aguacates. Las tortillas miden alrededor de 30 centímetros de diámetro. Tostadas, se llaman tlayudas; las comemos mejor con frijoles y queso fresco.

Los muertos en el panteón ya no caben, algunas tumbas están encima de otras. Ahí están la bisabuela y el bisabuelo, juntos, al lado de su hija, una tía abuela que murió en el parto. Dicen que en los días de muertos el pueblo está de fiesta. Se toma más chocolate y se come todavía más pan. La gente acostumbra a convivir con sus fantasmas, los niños van disfrazados corriendo por el empedrado. Nada parecido al halloween, ellos solamente festejan, sin pedir dulces. El 4 de agosto también se festeja. El pueblo se viste de gala para celebrar a Santo Domingo.

Están felices con su vida tranquila, porque aquí la vida es más que tranquila. Mientras tanto yo descubro parte del origen, de mis ojos enormes y de las caderas prominentes. Las manos empiezan a tener un aroma familiar. La piel se ha impregnado del olor de esta tierra, de mis antepasados. Me doy cuenta, empiezo a oler como mi abuela...

4 comentarios:

Rubén dijo...

Se me enchinó el cuero.
Me gustó la crónica. Valió la pena la espera.

Latamoderna dijo...

Me encantan las tlayudas manita...
:)
Què rico que te hayas ido...

Antiqva dijo...

La narracion de este viaje, amiga, me ha llegado a emocionar.

Yo, criado en la ciudad, se poco de estas cosas. Me parecen tan lejanas y tan autenticas las cosas que cuentas que, en fin, uno piensa...

El ultimo parrafo me ha llegado todavia mas...

Uf, un beso, amiga

Cristina dijo...

Chiquilla que grande te veo ahora :) Pareciera que durante este viaje te creciera más el corazón. Esa tierra de tus orígenes es hermosa!
Me gusta como nos lo cuentas, y que estes de regreso más.
Bienvenida!